Introducción
En septiembre de 1974, Philip K. Dick escribió al FBI para advertir de una conspiración comunista dentro de la ciencia ficción. Entre los sospechosos señalaba a un escritor polaco que, según él, probablemente no era una persona, sino un comité de varios autores trabajando bajo un mismo nombre. Ese «comité» se llamaba Stanisław Lem, y era un solo hombre que escribía desde Cracovia.
La anécdota dice más de Dick que de Lem, pero también explica algo: la obra del polaco era tan amplia, tan distinta de un libro a otro y tan cargada de ideas, que costaba creer que saliera de una sola cabeza. Novelas de contacto alienígena, fábulas de robots, sátiras delirantes, reseñas de libros que no existen y ensayos sobre el futuro de la tecnología que hoy parecen escritos ayer.
Traducido a una cuarentena de idiomas y con decenas de millones de ejemplares vendidos, Lem es uno de los pocos autores de ciencia ficción ajenos al mundo anglosajón que se convirtieron en clásicos universales. Y uno de los más incómodos para quien busca respuestas fáciles.
Biografía de Stanisław Lem
Nació el 12 de septiembre de 1921 en Lwów, entonces una ciudad polaca y hoy la ucraniana Lviv. Su padre, Samuel Lem, era otorrinolaringólogo y había servido como médico en el ejército austrohúngaro. La familia era de origen judío, algo a lo que el joven Stanisław apenas dio importancia hasta que las leyes nazis decidieron por él.
En 1940, con la ciudad bajo ocupación soviética, empezó Medicina en la universidad de Lwów. Un año después llegaron los alemanes. La familia evitó el gueto gracias a documentos falsos, y Lem pasó la guerra trabajando como mecánico y soldador para una empresa alemana que recuperaba chatarra. Desde allí sustraía de vez en cuando munición para hacerla llegar a la resistencia polaca. Buena parte de sus parientes no sobrevivió.
En 1945 Lwów pasó a la Unión Soviética y los Lem fueron trasladados a Cracovia, la ciudad en la que viviría casi el resto de su vida. Retomó Medicina en la Universidad Jagellónica, pero no se presentó a los exámenes finales y dejó la carrera sin título. Mientras tanto publicaba poemas y relatos en el semanario Tygodnik Powszechny, y en 1946 apareció por entregas su primera novela de ciencia ficción, El hombre de Marte.
Los primeros años no fueron fáciles. El hospital de la transfiguración, una novela realista ambientada en un psiquiátrico durante la ocupación, estaba terminada en 1948 y la censura no permitió publicarla hasta 1955. Su primer libro en llegar a las librerías fue Los astronautas (1951), una novela espacial todavía obediente al optimismo oficial. En 1953 se casó con Barbara Leśniak, estudiante de radiología, con quien tendría a su hijo Tomasz en 1968.
La década de 1960 fue la de su explosión creativa: en apenas ocho años publicó Solaris, El Invencible, Ciberíada, La voz del amo y el ensayo Summa Technologiae. Tras la declaración de la ley marcial en Polonia, en 1982 aceptó una beca en Berlín Occidental y después vivió en Viena hasta 1988, cuando regresó a Cracovia. Fiasco (1986) fue su última gran novela de ciencia ficción; en los años noventa se dedicó casi por completo al ensayo. Murió el 27 de marzo de 2006, a los 84 años.

Sus obras más importantes
Solaris (1961)
El psicólogo Kris Kelvin llega a una estación científica que orbita Solaris, un planeta cubierto por un océano que parece estar vivo y pensar. Lleva décadas siendo estudiado: existe incluso una disciplina entera, la «solarística», con bibliotecas de teorías que se contradicen unas a otras. Al llegar, Kelvin encuentra a un compañero muerto y a los otros dos científicos al borde del colapso. Pronto entiende el motivo: el océano ha empezado a materializar a personas salidas de sus recuerdos más dolorosos. En su caso, a Harey, la mujer que se suicidó años atrás.
Lo que convierte Solaris en algo más que una gran historia de fantasmas es su pregunta de fondo. Generaciones de científicos llevan intentando comunicarse con el océano y no han entendido nada. Quizá porque no hay nada que entender en términos humanos. Lem convierte la ciencia ficción del primer contacto en una reflexión sobre los límites del conocimiento, y lo hace con una novela que sigue doliendo.
Ciberíada (1965)
Trurl y Klapaucio son dos constructores geniales y bastante vanidosos que recorren el universo fabricando máquinas por encargo: una capaz de escribir poesía, otra que cumple cualquier deseo, reyes que exigen imposibles. Casi siempre algo sale mal, y el desastre suele tener una lógica impecable.
Es el Lem más juguetón y, para muchos lectores, el más disfrutable. Bajo la forma de fábulas, con un lenguaje lleno de inventos verbales que pone a prueba a cualquier traductor, aparecen las preguntas de siempre: qué es la inteligencia, qué es la felicidad y qué ocurre cuando una máquina hace exactamente lo que se le pide. En España está publicada por Alianza, con traducción de Jadwiga Mauricio.
El Invencible (1964)
Un crucero espacial, el Invencible, aterriza en el planeta Regis III para averiguar qué le ocurrió a su nave gemela, el Cóndor, de la que no se sabe nada. Lo que encuentran es un enemigo sin mente, sin intención y sin rostro: nubes de diminutos mecanismos que han evolucionado por su cuenta durante millones de años.
Es la novela con más acción de Lem y la puerta de entrada perfecta para quien viene de la ciencia ficción clásica. Leída hoy, su idea de una «evolución» puramente mecánica, sin propósito y sin conciencia, resulta inquietantemente actual. Impedimenta la reeditó en 2021, con traducción de Abel Murcia y Katarzyna Mołoniewicz, para abrir el centenario del autor.
La voz del amo (1968)
Un grupo de científicos recibe una señal llegada del espacio y el gobierno estadounidense monta un proyecto secreto para descifrarla. El narrador, el matemático Peter Hogarth, cuenta el intento con una mezcla de lucidez y amargura: cuanto más avanzan, más claro está que el problema no es el mensaje, sino quienes lo leen.
Es una novela de ideas, densa y con poca acción, y quizá la más pesimista de Lem sobre la ciencia cuando trabaja al servicio de la política. Quien disfrutó con Contact, de Carl Sagan, encontrará aquí su versión más oscura y escéptica.
→ Ver La voz del amo en Amazon
Golem XIV (1981)
Un superordenador construido para la estrategia militar estadounidense pierde todo interés por la guerra y decide dar conferencias a los humanos. El libro recoge esas lecciones, en las que la máquina explica, con paciencia y algo de condescendencia, por qué la inteligencia humana es solo un peldaño bastante bajo de algo mucho mayor.
Escrito cuatro décadas antes del debate actual sobre la inteligencia artificial, se lee hoy casi como un documento de época adelantado. No es una novela al uso: es una ficción filosófica breve, exigente y muy difícil de olvidar.
Estilo literario y temáticas
Leer a Lem exige cierta paciencia: alterna páginas de acción con largos pasajes de especulación científica, y no tiene ningún reparo en detener la trama para discutir una hipótesis. A cambio, ofrece algo que pocos autores del género dan: la sensación de estar pensando de verdad.
- El contacto imposible: en Solaris, El Invencible, La voz del amo o Fiasco, lo ajeno no es un enemigo ni un aliado. Es algo que no logramos entender, y esa incapacidad dice mucho de nosotros.
- Los límites de la ciencia: sus científicos son brillantes y, aun así, fracasan. Lem desconfiaba de la soberbia de quien cree que todo puede medirse.
- El humor: en las aventuras de Ijon Tichy y en Ciberíada, la sátira apunta a la burocracia, la religión, la política y la propia ciencia ficción.
- Los juegos formales: Vacío perfecto (1971) es una colección de reseñas de libros inexistentes, un juego de la misma familia que las reseñas apócrifas de Borges.
- La tecnología como destino: en Summa Technologiae (1964) especuló sobre ideas que hoy llamaríamos realidad virtual o vida artificial, mucho antes de que existieran los términos.

Adaptaciones y legado
Solaris ha llegado dos veces al cine, y ninguna de las dos convenció a su autor. La versión de Andréi Tarkovski (1972) fue premiada en Cannes y hoy es un clásico, pero Lem se quejó de que el director había dejado fuera el planeta, la ciencia y la pregunta sobre el lugar del ser humano en el cosmos para centrarse en la culpa de Kelvin. En sus conversaciones con el crítico Stanisław Bereś, publicadas en 1987, lo resumió así: Tarkovski «no hizo Solaris, hizo Crimen y castigo». Lo curioso es que reconocía haber visto solo unos veinte minutos de la segunda parte. La segunda adaptación, de Steven Soderbergh (2002) con George Clooney, convirtió la historia en un drama romántico más íntimo.
Más libre es El congreso (2013), de Ari Folman, que parte de El congreso de futurología para hablar de la industria del cine y de la identidad en la era digital. Si te interesa la relación entre libros y películas, en Cine y Literatura encontrarás más casos.
Su relación con la ciencia ficción estadounidense fue tormentosa. En 1973 la asociación de escritores del género (SFWA) lo nombró miembro honorario, y Lem respondió criticando con dureza buena parte de lo que se publicaba en Estados Unidos, que le parecía mal escrito y más preocupado por la aventura que por las ideas. En 1976, una votación retiró la distinción. Solo salvó a un autor: precisamente Philip K. Dick, al que dedicó el ensayo Un visionario entre charlatanes. La ironía es completa: había impulsado la edición polaca de Ubik en 1972, pero las restricciones monetarias del régimen impidieron pagar a Dick sus derechos, y de ese agravio nació, en parte, la carta al FBI.
En Polonia es una figura nacional: recibió la Orden del Águila Blanca en 1996, y el Parlamento declaró 2021 «Año de Stanisław Lem» con motivo de su centenario.
Curiosidades sobre Stanisław Lem
- Según él mismo, nació en realidad el 13 de septiembre, y la fecha se cambió en su partida de nacimiento.
- Un asteroide, el 3836 Lem, lleva su nombre desde 1979. En 2013 Polonia puso en órbita un pequeño satélite científico llamado Lem.
- En 2011, Google le dedicó un doodle interactivo inspirado en Ciberíada, por los sesenta años de su primer libro.
- No todo fue ciencia ficción: su novela policiaca La fiebre del heno (1976) ganó en 1979 el Grand Prix de Littérature Policière francés.
¿Por dónde empezar a leer a Stanisław Lem?
- Solaris: su obra maestra y la mejor síntesis de sus obsesiones. En España, Impedimenta la publicó en la primera traducción directa del polaco, a cargo de Joanna Orzechowska.
- El Invencible: si vienes de la ciencia ficción clásica y quieres una historia con más acción.
- Ciberíada: para descubrir al Lem humorista. Se puede leer relato a relato.
- Golem XIV: cuando ya tengas ganas de algo breve, denso y muy filosófico.
Conclusión
Lem escribió ciencia ficción sin creerse del todo sus promesas. Sus naves llegan a planetas lejanos, sus máquinas piensan y sus científicos reciben mensajes de las estrellas, pero casi nunca consiguen lo que buscaban. Lo que encuentran, en cambio, es un retrato bastante exacto de sus propias limitaciones.
Por eso sigue vigente. En una época que espera de la tecnología todas las respuestas, Lem recuerda que quizá algunas preguntas no estén hechas a nuestra medida.
Si te ha interesado, continúa con nuestros perfiles de Arthur C. Clarke, Ursula K. Le Guin e Isaac Asimov.
¿Quieres seguir descubriendo autores como este?
Suscríbete a La Vida en Letras y recibe nuevas biografías, reseñas y análisis directamente en tu correo. Sin spam. Solo contenido que merece la pena leer.
Además, al suscribirte recibes gratis la Guía express para escritores principiantes.

